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Muchas personas se muestran reticentes ante la idea de llevar a cabo este trámite. Normalmente porque desconocen cuánto cuesta hacer testamento. De hecho, suelen pensar que se trata de un procedimiento caro y farragoso. Sin embargo, no es así. Hacer testamento es más económico y sencillo de lo que se cree. Pero no solo eso, evita importantes quebraderos de cabeza a los futuros herederos, la pérdida de un tiempo valioso y el desembolso de dinero una vez fallece el testador.

Que no te preocupe cuánto cuesta hacer testamento

¿Cuánto cuesta hacer un testamento? Realizar un testamento ante notario, es decir, encargar a este la redacción del mismo en virtud de nuestra voluntad respecto al reparto de bienes a los posibles herederos una vez hayamos fallecido cuesta entre 40 y 80 euros en el caso de testamentos abiertos, que son los más habituales.

Este trámite puede hacerse en persona o a distancia (de manera confidencial si se desea), sin embargo, necesita de nuestra firma en la propia notaría para garantizar su validez.

El notario elegido redactará el documento de acuerdo a nuestra última voluntad y a los formalismos y requisitos exigidos por la legislación actual, evitando así su nulidad en el futuro, y atesorará el testamento original entregando una copia al testador para evitar su pérdida o deterioro.

Las grandes ventajas de hacer testamento

Entre los falsos mitos que nos vemos obligados a desterrar está aquel de que un testamento solo es necesario para quienes tienen mucho dinero o posesiones. Esta afirmación es rotundamente falsa. Cualquier persona que desee distribuir su herencia, por muy pequeña que esta sea, en base a criterios personales y no a los marcados por la ley vigente puede hacer testamento con el fin de satisfacer sus deseos.

Pero esta no es la única motivación para llevar a cabo un testamento. A continuación, señalamos otras de las grandes ventajas de las que podemos beneficiarnos:

  • Evitar disputas familiares: Se trate de un puñado de ahorros, de la vivienda habitual, del coche o de las pertenencias, hacer testamento ahorrará importantes quebraderos de cabeza a los sucesores, que podrían verse envueltos en una disputa familiar interminable a la hora de repartirse lo más equitativamente posible los bienes legados. De hecho, ¿cuántas familias conocemos que han roto su relación tras una disputa en torno a la herencia? Sin duda, más de las deseadas. 
  • Ahorrar tiempo y dinero a los herederos: A falta de testamento, los trámites burocráticos se incrementan, así como los costes. Por ejemplo, si no existe testamento y el fallecido cuenta con herederos, estos tendrán que realizar una declaración de herederos, un documento público que conlleva el desembolso de ciertas tasas, la recopilación de información (DNI del fallecido, libro de familia, certificado de defunción, etc.) y la aportación de dos testigos. Si los herederos no son descendientes directos, entrará en juego un notario y si los bienes superan cierta cantidad (unos 2.400 euros) también un abogado, pues habrá que acudir a los tribunales.
  • Dejar nuestro legado a la persona o fin deseado: Como hemos señalado, un testamento nos permite dejar nuestras posesiones más preciadas y ahorros a quienes nosotros designemos, y estas personas no tienen por qué ser precisamente nuestros hijos o pareja, al menos no de forma exclusiva. En otras ocasiones, no contamos con sucesores directos y nos gustaría donar nuestra herencia a proyectos sociales, ONG… Todo esto solo es posible si dejamos constancia de ello en nuestro testamento. Eso sí, debemos atenernos a los límites legales, como la imposibilidad de dejar más de un tercio del patrimonio a quien no sea de la familia. Las otras dos partes se dividen en igualdad de condiciones entre lo que se conoce como legítima (a repartir de forma equitativa entre todos los herederos legales) y como mejora (a repartir de manera desigual si se desea), aunque estos porcentajes varían dependiendo de la Comunidad Autónoma en la que nos encontremos.

Hay que recordar que el testamento es revocable, es decir, que puede modificarse en cualquier momento. El único documento válido, de hecho, será el último redactado antes de morir. 

Y si bien es cierto que podemos hacer un testamento de nuestro puño y letra en casa y de manera totalmente gratuita, no es lo más aconsejable. Es lo que se conoce como testamento ológrafo y corre el riesgo de resultar nulo si no conocemos la legislación al respecto, es decir, si lo redactamos de manera errónea o el reparto de bienes no se ajusta a la normativa vigente, e incluso de ser manipulado o de perderse si la persona que lo ha redactado fallece sin haber mencionado su existencia.

Por otra parte, si existe disputa en torno a ese testamento ológrafo, los herederos tendrán que invertir tiempo y dinero en verificar su autenticidad a través de un proceso bastante farragoso.

Qué necesitamos para hacer un testamento

Además de asequible, un testamento es una gestión que podemos llevar a cabo de forma sencilla y rápida ante un notario y que no necesita la presencia de testigos, al contrario de lo que muchos creen.

De hecho, los únicos requisitos legales para poder hacer un testamento según el Código Civil (CC) son tener más de 14 años y no sufrir enajenación mental. 

En cuanto al grado de confidencialidad, existe la posibilidad de llevar a cabo lo que se conoce como testamento cerrado, es decir, un testamento cuyo contenido solo conoce la persona que lo lleva  a cabo y el notario que lo redacta y custodia. 

La confección de este tipo de testamento sigue un protocolo establecido y diseñado para evitar la manipulación de las últimas voluntades reflejadas en el documento. Es cierto que puede entregarse a una persona de confianza, pero esta tiene la obligación de depositar el testamento en un juzgado diez días después del fallecimiento del testador.

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