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A lo largo de nuestra vida las personas tenemos que hacer frente a múltiples pérdidas. No todas las pérdidas son igual de significativas ni interfieren de la misma manera en nuestra vida cotidiana, pero todas conllevan un proceso de duelo, consciente o no, para quien lo sufre. Esta tristeza ante la pérdida de un ser querido es una reacción necesaria y hay que aceptarla – es lo que se considera un duelo normal – pero en ocasiones, cuando nos cuesta superar la fase de duelo, este da lugar a un duelo complicado e incluso patológico.

Cómo identificar el duelo patológico

Dado que el duelo normal acarrea ciertas características que todos podemos aceptar como parte del proceso habitual, puede llegar a ser difícil identificar y reconocer un duelo patológico.

En las distintas fases del duelo habitual podemos experimentar malestar fisiológico, preocupación por si se olvidará la imagen del fallecido, sentimiento de culpabilidad, irritabilidad, etc. Sin embargo en el duelo patológico veremos estas características desbordadas, descubriéndose algunas conductas fuera de lo común.

Deberemos estar pendientes de si la persona no puede hablar del fallecido sin experimentar un intenso dolor; si un acontecimiento poco importante provoca una reacción emocional muy intensa; o si la persona no quiere desprenderse de objetos materiales del fallecido.

También habrá que estar alerta ante cambios radicales en su vida e incluso pueden llegar a darse casos en los que la persona tiende a aislarse completamente de sus familiares y amigos. En casos más extremos, el duelo patológico también puede suponer conductas más extremas como imitar compulsivamente al fallecido o desarrollar fobia respecto a la enfermedad que causó su muerte.

Tipos de duelos patológicos

Cada persona afronta el duelo de una manera distinta pero, en general, los expertos establecen 4 tipos de duelos patológicos.

  • El duelo complicado

    También conocido como duelo crónico o prolongado, se da cuando el duelo tiene una duración excesiva. Puede haber pasado un año y la persona siente que su malestar no mengua. No termina de amoldarse a su nueva vida y sigue sin aceptar el dolor, la angustia o la ansiedad que siente al recordar la pérdida. La persona se detiene en alguna de las tareas descritas anteriormente sin llegar a su finalización. Suele tener picos de reacción en el aniversario de la muerte del ser querido y puede llegar a prolongarse durante más de una década.

  • Duelo retrasado o pospuesto

    En ocasiones, el afectado experimenta una reacción emocional insuficiente justo en el momento de la pérdida. Pasado un tiempo, vuelve a sufrir una carga emocional con dolor excesivo ante algún acontecimiento que reabre la herida. Este acontecimiento puede variar desde una segunda pérdida, hasta un aspecto real o ficticio que nos recuerde la primera pérdida.

  • Duelo exagerado

    En este caso la persona se siente desbordada de dolor y trata de evadirse mediante ciertas conductas como consumo excesivo de alcohol o drogas, la obsesión por el trabajo, el ocio o el juego. Todo ello puede derivar en algún trastorno psicopatológico como problemas de ansiedad o depresión. La persona que atraviesa el duelo demanda realizar terapia y se vuelve incapaz. La depresión se retroalimenta con la ansiedad y puede dar lugar a crisis de pánico y a cuadros fóbicos.

  • Duelo enmascarado o reprimido

    Las personas que no se permiten a sí mismas experimentar el duelo, se pueden encontrar con que éste les puede aparecer enmascarado en forma de síntomas físicos parecidos a los sufridos por el fallecido antes de morir o desarrollar problemas psicopatológicos (ansiedad, trastornos alimentarios, hiperactividad, etc.), sin ser consciente de que su malestar tiene que ver con el duelo no resuelto.

Si además crees que te vendría bien la ayuda profesional, recuerda que ponemos a disposición de las familias la orientación psicológica para afrontar el duelo.

Cómo se supera un duelo patológico o complicado

Superar un duelo patológico no es nada sencillo. J. William Worden, miembro de la Asociación Americana de Psicología y autoridad mundial en lo que al proceso de duelo se refiere, establece en su libro El tratamiento del duelo 4 tareas sobre las que deberemos trabajar para superar un duelo complicado.

  • Aceptar la realidad de la pérdida

    Debemos afrontar el hecho de que la persona ya no está. Especialmente se hace referencia a la aceptación emocional ya que hay personas que niegan que se haya producido una pérdida pero también hay algunas que niegan el significado que supone para ellas.

  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.

    Algunas de ellas son más evidentes, como la ira o el enfado, pero puede que no esté dejando salir a la superficie otras emociones más difíciles de afrontar, pero que también es necesario manejar, como es el caso del dolor, la angustia, o el sentimiento de soledad.

    La negación de las emociones se puede hacer evitando pensamientos dolorosos, recuerdos del fallecido, o consumiendo drogas o alcohol. La sociedad actual hace más difícil completar esta fase ya que profundizar en sentimientos negativos no está bien considerado.

  • Adaptarse a un medio en el que la persona está ausente.

    Debemos comprender que el fallecido no está y adaptarnos a una vida sin él. Para completar esta tarea, la persona tendrá que aprender a asumir los roles a los que no está acostumbrada, desarrollar habilidades que nunca había tenido y seguir adelante con un nuevo sentido de sí misma y del mundo.

  • Recolocar emocionalmente al fallecido

    Debemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos, pero sin que ello nos impida seguir viviendo. No consiste en renunciar al fallecido, sino en encontrar un lugar adecuado para él en su vida emocional.

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