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Si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la Lengua encontraremos la siguiente definición: “Acción y efecto de inhumar”, es decir, de enterrar un cadáver, sea de forma individual o colectiva.

En nuestro país, el peso de la tradición y las creencias religiosas han hecho que la inhumación fuese la opción mayoritariamente escogida por prácticamente todas las familias hasta hace bien poco, cuando la cremación comenzó a ganar terreno.

De hecho, según los datos facilitados hace un año por la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef), la incineración se ha convertido en la opción elegida por más del 41 % de los fallecidos en España, obteniendo una tasa superior en las zonas urbanas, donde alcanza incluso el 70 %.

Qué es la inhumación

La inhumación, una opción ligada a la tradición

Tal y como hemos señalado más arriba, la incineración gana terreno frente a las inhumaciones en España, sin embargo, esta tendencia se resiste en la franja de mayor edad, que apuesta por el método tradicional en nuestro país.

Los motivos de tal reticencia son varios, sin embargo, el más poderoso está relacionado con la fe y la iglesia católicas, en las que hasta hace bien poco no se aceptaba la incineración pues los restos del difunto o difunta debían permanecer unidos y sepultados en un lugar de culto y oración.

La postura del Vaticano se ha relajado en los últimos años al respecto, aceptando la cremación por motivos higiénicos, económicos o sociales. A pesar de ello, aboga por conservar los restos en un lugar al que puedan acudir amigos y familiares para rezar por el alma del difunto, oponiéndose tajantemente a la creación de joyas funerarias o a esparcir, mantener en casa o dividir las cenizas.

Otros motivos por los que muchas personas mayores apuestan por la inhumación es que posibilita la opción de crear una sepultura o erigir un monumento funerario en el que albergar los restos de varios familiares, en definitiva, un lugar físico al que poder acudir en busca de consuelo.

Diferencias entre inhumación e incineración

Además del propio proceso en sí, existen otras diferencias entre inhumación y cremación que inclinan la balanza de las preferencias personales hacia una u otra opción en virtud de las ventajas y desventajas de cada una de ellas:

Una elección menos económica

Salvando las diferencias que existen entre provincias y CCAA en nuestro país, la cremación resulta más barata que la inhumación a día de hoy si se opta por guardar las cenizas en casa o introducirlas en una urna biodegradable, pues en la inhumación, al precio del ataúd hay que sumar los servicios funerarios de traslado, el precio del cementerio y el coste de la sepultura.

Toda persona puede ser enterrada

Toda persona puede ser enterrada, mientras que el cuerpo de una persona fallecida no puede ser incinerado si está contaminado por productos radioactivos.

No daña el medioambiente

Hay quién piensa que la descomposición natural del cuerpo dentro de un ataúd no daña el medioambiente, sin embargo, el proceso de cremado desprende gases a la atmósfera que pueden resultar perjudiciales, como también lo podría ser esparcir las cenizas en el mar.

Se preserva el ADN

La inhumación permite preservar el ADN del fallecido, con la cremación, esta oportunidad se pierde.

No permite el traslado del fallecido

El cuerpo enterrado de un fallecido no puede trasladarse a ningún otro sitio, a diferencia de las cenizas que mantenemos en una urna, por ejemplo.

La inhumación, regulada por ley

En España, la forma de tratar el cuerpo de una persona fallecida está regulada por ley.

De hecho, en España está prohibido esparcir las cenizas directamente en el mar, se considera una infracción, pues atenta contra el medioambiente y es sancionable con multas. También lo es hacerlo en un espacio público si no se obtienen los permisos reglamentarios.

Además, tanto la forma de incinerar como de inhumar están también reguladas por ley. De hecho, la inhumación no puede llevarse a cabo hasta la obtención del certificado de defunción expedido por la autoridad sanitaria, que establece un periodo de al menos 24 horas y máximo 48 desde el fallecimiento hasta el enterramiento, salvo excepciones. Las características del féretro, la manera de trasladarlo o las condiciones del tanatorio que albergará los restos durante varias horas también han de responder a lo dictado por la normativa vigente al respecto.

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2 respuestas a «Qué es la inhumación»

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